miércoles, 29 de abril de 2009

Una despedida de mì...

Son muchas las veces en las que uno sabe que el otro nos duele… algunos curan esas heridas, otros suponen que están curadas simplemente porque deciden que ya no duele más suponiendo que se trata solo de una decisión, pero como digo siempre aquello que está allí en otro destino que no sea encontrárnoslo una y otra vez ...recorre las venas de igual manera aunque se insista en hacer transfusiones o bien una famosa limpieza al estilo vampirezca donde todo se eterniza.
Algo en estos días me hizo dar cuenta que la sangre está compuesta de muchas de esas cosas que buscan un destino, a veces es el estómago, otras el corazòn y otras simplemente la boca o la no boca porque no podemos hablar de eso que sucede, simplemente no podemos.
¿Podríamos decir que estamos con las heridas? No… ¿podríamos decir que herimos para no tenerlas encima? No lo sé… lo que si sè es que algo de aquello tiene que encontrar un lugar en alguna parte porque sino queda bollando en el espacio donde compartimos con otros o en el aire que respiramos…
Cuando nos mudamos, entramos en un profundo stress, nos encontramos con cosas que habíamos olvidado, nos encontramos con cosas que nos habíamos escondido o simplemente con aquello que no nos decidimos a tirar por no animarnos a perderlo...pues así vamos llevándolo de un lado al otro contaminando los nuevos espacios que podemos construir.
Me he mudado varias veces y hace unos días decidí tirar algunas cosas que no me animaba a perder…que estaban allí y que cada vez que las podía recorrer con mis ojos me miraban fijas, diciéndome ¿Pensàs hacer algo conmigo?...
Pues hoy hice algo con ellas… previo ritual de despedida, algo que hace mucho se ha dejado quien sabe porque motivo o sabiendo porque no nos animamos a hacer… despedida, velorio, ritual, 24 hs de vigilia viendo al muerto, todo aquello que nos convierte en enlutados de nuestras propias vidas ha sido desechado…aquellos primeros momentos en los que los seres que nos rodean nos acompañan, sabiendo que son solo una compañía y que hay todo un mundo interno que sigue ocurriendo en otro espacio…sin tener demasiado conocimiento porque en realidad se trata del enlutado, se trata del luto y se trata particularmente del muerto… ese muerto que aparece en los recuerdos, esas pequeñas cosas que ha dejado en el placard … podemos cremar todo eso? …en ese ritual rápido tan puesto en voga?
El lugar del cementerio ha deja de tener sentido…un lugar, una lápida, alguien que pasó por está vida simplemente queda preso del fuego allí desintegrándose o lo que creemos es una desintegración… púes hoy no hablo de cuerpos, sino de otras cosas…
Es necesario una despedida, es necesario llorarla, es necesario saber que pasó, ver los documentos que dejó, la ropa que usó en los últimos momentos, todo eso que nos depara un dolor enorme pero es necesario encontrarles un lugar que no sea ni nuestro corazón ni siquiera nuestro espíritu, sino un lugar distinto, un cambio de nombre… dolor si pero no padecimiento.
A veces es un estado civil, una lápida en dedicatoria, un hogar de ancianos para que esa ropa pueda seguir otro curso, a veces la limosna para que alguien pueda hacer algo más de lo que nosotros podemos hacer solo para ser una tortura interna y que siga corriendo por las venas sin sentido o con un sentido perdido.
A veces se trata de un nombre y apellido , a veces se trata de cambiar los espacios, a veces se trata solo de crecer, dejar de ser lo que alguna vez fuimos para pasar a ser otra cosa, pero es necesaria la experiencia de la pérdida.
Hace unos días, me di cuenta que tenía que despedirme, despedirme de aquella que fui, aquella que no podía ponerle nombre a los deseos, aquella segura y protegida, aquella que tenía un sentido mercurial en su cuerpo como me dijo alguien una vez… ese que se va de las manos, que puede ser toxico, que puede ser misterioso y sorprendente… Y así lo intenté, por primera vez ponía el deseo en mi boca y en mi cuerpo, por segunda vez sabía que era lo que quería y así eso que estaba dando vueltas en mis venas, por no animarme a sacarlo de lo ficticio, de lo ajeno, de lo encerrado, de lo guardado… y así fue… recuerdo haber ido a festejar…tomarme por primera vez una cerveza en mi propio honor…estaba orgullosa… estaba feliz… esa que estaba allí era otra versión… otro destino, otro camino de mi misma…verme nombrar un deseo distinto, verme saltar un obstáculo, y por sobre todo decidirme a invertir… por inversión, por otra versión, por cambios de roles que a veces llevan el peso del nombre y el apellido… dejarlo salir de mí para que tomara otro cuerpo, para que otro cuerpo lo tomara conmigo.
Fue necesario, fue aliviador, fue generosamente entregado al universo, para pelear por eso en el momento en que se nombrò…con la responsabilidad que eso conlleva.
Púes bien, allí está en el universo, allí estoy por primera vez siendo responsable de lo que deseè y allí estoy feliz por haberlo hecho y triste por aquello de lo que es necesario despedirse cuando algo nuevo viene a ocupar el lugar… allí estoy llorándola.
Aquella que fui, aquella que me acompañó durante tanto tiempo, aquella que no me demandaba demasiado y que me mantenía cómodamente moviéndome como el mercurio…¿si necesito despedirme? Pues claro… aunque tarde tiempo, aunque me haga llorar y aunque extrañe, esa que fui estuvo allí durante mucho tiempo… y aunque lo nuevo me invada de miedo y no sepa muy bien que hacer allá está mirándome, por eso la palabra tiene esa importancia, porque dicha o escrita nos hace firmar debajo y allí estamos con nuestro nombre y apellido, lo demàs definitivamente fue cobardìa.
Y a pesar de que aquel deseo implica la responsabilidad de haberlo nombrado y que puede tardar en encontrar un lugar , allí estoy feliz por haber-melo escuchado, por haber-melo verbalizado, por haber-melo confesado… allí estoy feliz de haber-melo firmado.

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