domingo, 5 de abril de 2009

La casa de los conejos

¿Alguna vez tuvieron esa extraña sensación de la cobardía?
Una sensación de sentir que están perdiendo suponiendo que no se pierde, que tal vez aquello que no queremos perder será perdido en el final del juego. Pero la rara sensación de la cobardía nos incita a llegar al final, quien sabe porque extraña razón.
Hice algo de lo que no estoy orgullosa. Me acerca más al mundo real del que me mantuve alejada durante algún tiempo, hasta ahora.
Tengo un amigo que dice “que uno convoca” efectivamente es así, del derecho y del revés…
Aquello que hice sin orgullo en lo más mínimo convocó en mí más dudas de las que tenia, se suponía que aquel acto aclararía, pero me dejo en el camino de una disyuntiva, por primera vez. Pensar que hacer con aquello?
Se abren dos caminos y me pregunte por donde seguir ¿por la derecha o por la izquierda?
Ayyyyyyy que duda, si vamos por la derecha implica volver a tener una seguridad de confiar en la elección hecha y que sin embargo pueda llevar a la pérdida definitivamente…
Si vamos por la izquierda todo queda dicho y tal vez en tiempo pasado, donde aquello que no está dicho sea sabido para dejar de ser un sin saber… y decidir…
Púes entonces?

Rosa María había estado convencida toda la vida de que había una vida que no era para ella. Una vida donde el deseo siempre tenía un encierro alejado de la misma realidad, así había acontecido su mundo.
Había construido todo su camino a base de lo que ella deseaba profundamente y de lo único de lo que estaba segura. Aquel deseo la sacaba de cualquier situación para ordenarla y ponerla de nuevo en aquellos carriles de los que algunas veces se pierden…
Así Rosa Maria que siendo adolescente se preguntaba por la muerte del día siguiente y su lista en blanco de las cosas hechas, se dedicó a vivir intensamente en su deseo, un deseo tornasolado que le garantizaría según ella, la felicidad. Igualmente aquello la dejaría fuera de un mundo real… donde había otros deseos que jugaban a su alrededor mientras ella miraba hacia otro lado.
Allí había estado Juan, repasando las hojas de los exámenes para ayudarla a estudiar, soportando la soberbia de lo que ella creía como real y allí él sosteniéndola. Juan tenía tiempo pero no demasiado, sin embargo la esperó… y ella nunca llegaba puntual, siempre tarde.
Rosa Maria y Juan , volvieron a verse pero… imaginaría ella que luego lo recordaría una y otra vez?
Había elegido otros compañeros sin embargo en el fondo a pesar de saberse enamorada se quejaba de que nunca la elegían a ella, para hacer lo que hacían con todas… eso si, ella estaba segura que no se equivocaba. Ella era otra.
Pero un día, se preguntó mucho al respecto, repasó las páginas de su diario íntimo y descubrió que la que tenía que elegir era ella. Para poder llevar a cabo eso que soñaba debía tener paciencia, cualidad con la que Rosa Maria no contaba, púes luego de mucho pensar se dio cuenta que un sueño había sido desoído en aquella noche de amor. La historia fue más o menos así…
Rosa María, conocía a Teo solo por un número de interno. Algunas veces lo había llamado, pero Teo solo era aquel número de interno. Aquel día Teo cobró cuerpo, en aquel ofrecimiento que Rosa Maria leyó como un acto de galantería y del que nunca se olvidaría… y a pesar de haberlo rechazado por primera vez , aquellas palabras de Teo habían quedado en la memoria de Rosa María.
Se conocieron y como no podía ser de otra manera se enamoraron al instante en que sus ojos se cruzaron tras aquel mostrador. Aquí viene la parte que nos interesa, hoy…

Una noche donde el calor abundaba y el único paliativo era un ventilador comprado de oferta, Teo y Rosa María se encontraban en el mejor terreno. Aquel que los unía profundamente siempre, pese a las dificultades (muchas) que tenían. La cama para ellos era aquel lugar donde todo desaparecía… el alrededor se volvía efímero y lo único que importaba eran ellos dos y sus cuerpos amándose hasta la extenuación.
Rosa María se encontraba montada en las piernas de Teo aquella noche, estallaban de placer cuando Rosa María sintió por primera vez aquella sensación… no era un orgasmo más, era un estallido distinto.
Aquello que había permanecido oculto en ella por fin apareció en sus ojos, las lagrimas cayeron hasta sus pechos y no tuvo más remedio que confesar aquella decisión, algo había llenado su vientre en forma distinta, allí estaba el deseo de dar a luz ese amor… sus palabras nacieron tímidamente y todo quedo claro allí. Se iniciaba el gran cuento.
Rosa María lo nombró como “La casa de los conejos”, así llamarían ambos aquel sueño surgido esa noche de verano…
Debo contarles que Rosa Maria y Teo eran muy distintos. Rosa María lo sabía desde el principio pero no podía resignarse a que aquello nunca funcionaría y lo intentó muchas veces, Teo también lo hizo, pero las inseguridades de Teo y las ansías de libertad de Rosa María los dejarían en caminos diferentes, por fin.
Rosa María lloró mucho aquel día, habían decidido poner un muro de 50.000 ladrillos entre los dos, creo que él pudo comprenderla pero no podía hacer nada para evitarlo y la pared se hizo cada vez más y más gruesa. Teo y Rosa Maria dejaron de escuchar los gritos que uno irradiaba en contra y a favor del otro.

… y el tiempo pasó, Rosa María ocultó su cuento en el cajón y no volvió a sacarlo de allí, cada tanto limpiaba el cajón, pero desistía una y otra vez…
Una y mil veces Rosa María suponía que el tiempo era de su propiedad, se dedicó a no pensar en aquel cuento sin terminar… como si con el quiebre de su historia con Teo, ese cuento hubiera llegado a su final sin leerlo y pensando simplemente, ella no había sido elegida para el final feliz decidió no volver a él nunca más…
Rosa María curó aquella herida y armó una casa que si bien era de ella, en el fondo sabía ficticia, y finalmente convocó lo suficiente para darse cuenta que efectivamente así era…
El tiempo pasó… Rosa María un día después del trabajo, cansada, quería preparar su ropa para el día siguiente y buscaba aquellas hebillas que tanto le gustaban… aquel cajón de nuevo, Rosa María lo abrió atemorizada y descubrió allí su sueño nuevamente y decidió esta vez sacarlo, habían pasado casi 8 años pero parecía intacto.
“La casa de los conejos” … volvió a ella de la misma forma… pero esta vez quería elegir que hacer con él.
Tenía un deseo muy profundo, el amor la inundaba de nuevo pero también las dudas, Rosa María se sabía, cuanta más duda hubiera en ella, mayor era el compromiso que sentía, había empezado a hacerse preguntas que había evitado hasta ahora.
Se encontraba tras las señales en el saber de ese cuento con final feliz… cuando una noche… aquella noche se despertó sobresaltada… bajó las escaleras y leyó las cartas que le habían sido prohibidas desde el inicio, sin embargo su sueño la había conmovido y no pudo evitarlo, su corazón latía con fuerza y allí estaba lo que ella había convocado en su búsqueda quedando en aquella disyuntiva.

Quería ser ella, por primera vez quería ser ella y de repente la sensación de una extraña tranquilidad la invadió para esfumarse luego.
Allí estaba parada, frente a la izquierda y la derecha…
Que camino tomar?

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