lunes, 7 de septiembre de 2009

En brazos de la fiebre

Con los brazos de la fiebre
que aùn abarcan mi frente
lo he pensado mejor
y desatarè
las serpientes de la vanidad
el paraìso es escuchar
el miedo es un ladròn
al que no guardo rencor
y el dolor
es un ensayo de la muerte

En la piel de una gota
mis alas volvieron rotas
y entre otras cosas
ya no escriben con tinta de luz

El paraìso deviene en infierno y
luego se quema
y sin que nadie se mueva
¿quien lo arregla?

Gestado en mis escombros
de pastoso paladar
el disparate del caos
me derroto
con palabras de alabanza.

Sabìa que iba a pasar, pero ex-trañandote.

1 comentario:

Unknown dijo...

Nunca ha dejado de amenazarme con el juego de nuestras diferencias.
De lo distintos que somos, de cierta manera psicotica es como que busca llamar la atencion.
El problema es que la repeticion y la presion interminable me rompen un poco las bolas.
Sin victimizarme tengo una vida complicada, muchos de mis dias han sido de alguna manera
atajar penales, acomodar cosas, hacer un equilibrio para que nada se caiga.
Aun con todo esto ella siempre fue algo estable y constante, desde que la descubri la ame y
me senti amado con profundidad, para mi ese amor se ha convertido en algo tan absoluto que no
se cuestiona. Por eso cada amenaza me desestabiliza, incluso me hace dudar, porque me quita
la unica pata que se apoya mi cordura.
Pero tampoco se `puede vivir en estado de permanente amenaza, por que al fin de cuentas son
amenazas, nada se termina de concretar son espasmos de un dolor que nunca se llega a
cristalizar, es un quiste que nunca se sabe si sera benigno o maligno, es un eterno por las
dudas, y esto es una montaña rusa donde nunca se sabe para que lado nos va a encontrar la
proxima curva o si sera como la amenaza presagia definitivamente sera una caida estrepitosa.
Y no tengo manera de como solucionar estos problemas y vos tampoco. Para evitar que ese dia
nefasto que tanto miedo da nos pase de las palabras a los hechos.
Y con todo esto tan real y comprobado no puedo dejar de decir que me haces tanta falta que no
puedo poner en palabras este vacio que me dejaste.